Santo Domingo Este ,_ Esmeralda Moronta de los Santos, una repostera de 36 años y madre abnegada, fue asesinada a tiros por su expareja Omar Tejeda Guzmán, de 48 años, tras salir de denunciarlo en la Fiscalía de Violencia de Género del sector Alma Rosa I, en Santo Domingo Este. El trágico hecho ocurrió en la calle Puerto Rico, donde el agresor la persiguió y acorraló dentro de un comercio local antes de quitarse la vida con la misma arma.
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!Las manos que endulzaban hogares

Esmeralda no era solo una cifra en las estadísticas de violencia de género; era un motor de trabajo y un ejemplo de superación en su comunidad. Conocida ampliamente por su talento único en la elaboración de pasteles artesanal, a través de su empresa Estilo Pastelero, dedicaba sus días a endulzar las celebraciones de sus vecinos y clientes. Cada receta reflejaba su carácter: una mujer dulce, minuciosa, responsable y profundamente trabajadora
“Siempre me ha gustado la repostería, así que decidí perfeccionar las técnicas que ya sabía y aprender las nuevas. Es ahí cuando comienzo a practicar haciendo los postres para los encuentros y celebraciones familiares. Ellos mismos, al ver la calidad y terminación de los postres, me impulsaron a iniciar mi negocio”, contó Moronta al periódico elCaribe en una publicación de del 15 de diciembre de 2018.
Llevaba 10 años en este negocio, luego de tomar “clases y talleres especiales con profesionales de mucho éxito en el área, para aprender las novedades de la repostería y actualizarme en ese sentido.
Su mayor orgullo y motivación diaria era el hijo en común que compartía con su agresor. Por él batallaba diariamente entre la harina y el azúcar, buscando construirle un futuro estable y seguro, lejos del ambiente hostil que terminó por consumir su propia existencia.
El acoso digital y la persecución final
La separación de la pareja no detuvo las intenciones de control de Omar Tejeda Guzmán. De acuerdo con las investigaciones preliminares de las autoridades, el agresor mantenía un asedio constante y se sospecha fuertemente que le había colocado un dispositivo GPSpara rastrear de forma clandestina cada uno de sus movimientos.
Cansada del hostigamiento y temiendo por su integridad, Esmeralda acudió el miércoles a la unidad de la Fiscalía de Violencia de Género en la calle Puerto Rico. Ahí, había denunciado horas antes que su expareja la acosaba y la acusaba de tener otra relación sentimental e incluso la interceptaba mediante GPS, por lo que solicitó una orden de alejamiento y medidas de protección.
Según consta en la denuncia número SC-4163, Esmeralda Moronta narró que su expareja, Omar Tejeda Guzmán, desde hacía aproximadamente dos meses, cuando terminó la relación, continuaba escribiéndole y hostigándola.
«Refiere que teme por su vida», establece el documento, en el que, además, indicó que el hombre llegó 40 minutos antes de la hora acordada para buscar al hijo de ambos y la acosaba, insistiendo en que ella tenía otra pareja.
Terror en la calle Puerto Rico
Al salir de la dependencia oficial, descubrió con horror que Tejeda Guzmán la estaba esperando fuera.
Al notar la presencia de su verdugo, el pánico se apoderó de Esmeralda, quien corrió desesperadamente buscando auxilio. Avanzó unos metros por la acera e intentó refugiarse en el interior de un colmado del sector.
Sin embargo, el agresor la alcanzó dentro del establecimiento comercial.
Tejeda Guzmán extrajo una pistola calibre 9 milímetros, con la que le propinó múltiples impactos de bala que le causaron la muerte de manera instantánea.
Inmediatamente después de cometer el crimen, el hombre se disparó a sí mismo con la misma arma en el lugar.
Una comunidad consternada
La escena fue procesada por agentes de la Policía Nacional, bajo la vocería de Diego Pesqueira, junto a representantes del Ministerio Público. Vecinos y allegados se aglomeraron consternados ante la tragedia, lamentando que el sistema no lograra proteger a Esmeralda justo en el momento en que formalizaba su petición de auxilio legal. Las manos que creaban pasteles y esparcían dulzura fueron apagadas de forma violenta, dejando a un niño en la orfandad y a una comunidad sumida en la amargura y la indignación.
